Historia de la Danza de la Flecha

La historia cuenta que hace quinientos años sobre la costa entrerriana del río Paraná vivía Panambí, india Minuán hija de un cacique.


Desde la orilla contraria, vivía Nembyré, un joven indígena de otra tribu, perdidamente enamorado de aquella, cruzaba frecuentemente a nado el Paraná para caer en sus brazos. Con sus brazadas magistrales cruzaba el Paraná sólo para reunirse con su amada,

La rivalidad entre sus tribus hacía imposible ese amor. En uno de sus viajes fue descubierto por los Minuán y es obligado a bailar la Danza de la Flecha.

Se le ofrecen varias flechas, una y solamente una, no está envenenada. Tiene que elegir una e introducirla en su cuerpo mientras danza. En medio de giros y contorciones toma la que él creyó que era la de la vida…

Luego de realizar magníficas danzas y contradanzas con la afilada vara clavada en su cuerpo, triunfa sobre sobre la muerte. Panambí, de por vida fue suya
“…hermoso en la postura, temblando aún las plumas que rodean su cintura por los giros de la danza… Ha triunfado de la muerte y los gritos de la turba le anuncian que, por vida, es suya Panambí”.*
En “Hechos y ficciones”, de Eva Lafférriére de Riccardini. 1945.

En el Parque Urquiza, se puede admirar una figura indígena de dos metros de altura fundida en bronce, que magníficamente evoca esta danza. Emplazada en la rotonda existente entre las calles Intendente Bertozzi y Avenida Rivadavia. Obra del escultor Luis Perlotti. Fue donada a la municipalidad por el Doctor Pedro Martínez. La misma mereció el Primer Premio en la Exposición Municipal de Buenos Aires (1927) y en Sevilla (1928) una medalla de oro.