La medialuna pornográfica...

La Luna estaba emplazada sobre la barranca, muy cerca del lugar que actualmente ocupa el Patito Sirirí. La escultura fue mutilada por decisión del intendente de facto Carlos María Aguilar por considerarla pornográfica


Nota de Marcelo Comas / De la Redacción de UNO

La ciudad de Paraná, y más precisamente el Parque Urquiza, supo tener símbolos que quedaron anclados en la memoria colectiva de sus habitantes. Si el Patito Sirirí revive el costado nostálgico de varias generaciones, no menos importantes fueron otras obras de arte que embellecieron esa porción de la barranca, con su majestuosa vista al río, que le da su nombre a la ciudad no fundada. Los más memoriosos recordarán que el paseo infantil Carmelo José Cabrera tuvo a mediados de la década del 70 una imagen de cemento con forma de medialuna. La figura fue instalada en los terrenos que anteriormente habían sido ocupados por la antigua Empresa Provincial de Energía de Entre Ríos (Epeer), que poseía sus galpones cerca de allí. El espacio se utilizaba como depósito de columnas de luz, de hormigón y carreteles de cables.

Con la clara intención de darle un despegue definitivo al sector turístico, que vivía un real auge por la reciente apertura del túnel subfluvial, el por entonces intendente Juan Carlos Esparza tuvo la buena idea de revertir este panorama. Para esa tarea convocó a los hermanos Eyssartier, quienes también tuvieron a su cargo la construcción del Patito Sirirí y el Ñandú de la Toma Vieja. Rodolfo y Horacio, que se especializaron desde siempre en cuero, cerámica y madera, pusieron manos a la obra en el diseño de la figura, con la colaboración de sus colegas de la Comisión Provincial de Artesanos, un espacio gestado por su iniciativa que sobrevive hasta nuestros días.

A cambio de la parquización del terreno, la Municipalidad les cedió el espacio donde actualmente se ubica la Plaza de las Colectividades y que en otras épocas había cobijado a la balanza del viejo atracadero de la balsa.

La Luna o medialuna fue la inseparable compañera del Patito Sirirí durante la gestión de Juan Carlos Esparza. Hasta allí llegaban todos los recién casados para tomarse fotografías, no solo de Paraná, sino del interior de la provincia y hasta de otros puntos del país. Como otros objetos que alguna vez habitaron el paseo principal de la capital entrerriana y hoy ya no están, la Luna ya forma parte de las cosas que hoy no son más que meros recuerdos. Su extirpación repentina fue ordenada por el coronel Carlos María Aguilar, el intendente de facto que la hizo desaparecer por considerarla “pornográfica”: por lo menos esa fue la explicación que le dieron al capataz Grassi, quien estaba al mando del personal de los talleres municipales que habían colaborado en la construcción de la imagen.

Según trascendió en aquella época, al militar le preocupaba la forma fálica a su modo de ver, de la Luna. Aguilar también tiene en su triste inventario la decisión de haber mutilado la mano del conejo que un movimiento mecánico parecía invitar al Motel Tijuana y también, hizo retirar la jaula de monos que hubo en la Toma Vieja por sus actitudes obscenas, según se puede rescatar de las crónicas de algunos medios de comunicación. La creación de los Eyssartier desapareció de un día para otro, como supo suceder con varios elementos que le dieron vida al patrimonio cultural de la ciudad, pero dejó su huella en los 108 años de vida del imponente Parque Urquiza. La Luna, una de las estampas emblemáticas del paseo más tradicional en suelo entrerriano, seguramente permanecerá viva en las fotografías de antaño de mucho mieleros que la inmortalizaron para siempre con una instantánea.