Plaza Alvear lleva el nombre de un traidor a la patria?

En una nota del profesor José Carlos Carminio Castagno para El Diario de Parana, trata de explicar porque, una de las plazas mas importantes de la ciudad, no debería llevar el nombre de Alvear...


"En una publicación de la interesante serie “Retrovisor”, el reconocido periodista de “El Diario” D. Jorge Riani recoge valiosos datos acerca de “El corazón del barrio del candombe”, haciendo una especial referencia a la Plaza Alvear.

Aunque estas líneas tienen por especial finalidad la que resulta de su título, no puedo dejar de corregir un error histórico –que el autor toma de fuente indirecta- que aparece en el siguiente párrafo: “Hay crónicas de viajeros que describen la zona. Por esos escritos sabemos que la Iglesia San Miguel fue la primera gran edificación con la que Paraná buscó despegarse hacia arriba, hacia las alturas”.

La verdad es que, desde varios años antes, se hallaba totalmente concluida la Iglesia Matriz –según puede verse en una antigua fotografía que aquí se publica- cuya construcción demoró casi veintidós años en completarse: desde el 13 de noviembre de 1807 –fecha de colocación de la piedra fundamental- hasta el 8 de septiembre de 1829 (día de su solemne inauguración). Tenía, según Burmeister, un frente de 11,70 metros –ocupando parte del terreno del Palacio Episcopal y una pequeña porción del solar adyacente al sureste, limitando con la casa de D. Ciriaco de Quintana- por casi 42 metros de fondo.

Paso ahora al tema central de este artículo.

Es sabido que Carlos María de Alvear fue nombrado, promediando el año 1826, por el fraudulentamente electo “Presidente” D. Bernardino Rivadavia –tema que merecería otro artículo- comandante en jefe del ejército y que, como tal, le cabe la gloria de Ituzaingó, batalla librada el 20 de febrero de 1827 contra el ejército del Imperio del Brasil. Pero también se sabe que esa victoria se debió a las decisivas cargas de caballería del coronel (post mortem) Federico Brandsen y de los generales Juan Galo de Lavalle (en origen: La Valle) y José María Paz. Y, asimismo, que Alvear se negó a sellar el triunfo, al impedir la persecusión del enemigo que le proponía su estado mayor, como lo señala en sus “Memorias” el Coronel Tomás de Iriarte y lo ratifica Paz en sus “Apuntes”.

Pero no es eso lo que lo descalifica de manera absoluta para cualquier homenaje, sino –como he enseñado mientras fui profesor de la materia Historia del Derecho en la Facultad “Teresa de Ávila” de la Universidad Católica Argentina- la imperdonable traición a su patria, consumada en dos cartas que despachó, siendo Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por intermedio de su comisionado Manuel José García.

Documento
Por razones de brevedad –y en la certeza de que basta como prueba irrefutable de mi afirmación- transcribo con ortografía actual y completadas las palabras que están en abreviaturas la primera de ellas, fechada el 28 de febrero de 1815, dirigida a Percy Clinton Sydney Smythe, sexto vizconde de Strangford –más conocido con Lord Strangford- embajador británico en Río de Janeiro:

“D. Manuel García, consejero de estado, instruirá a Vuestra Excelencia de mis últimos designios con respecto a la pacificación y futura suerte de estas provincias. Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver de un modo indudable a todos los hombres de juicio y opinión, que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía. Pero también ha hecho conocer el tiempo la imposibilidad de que vuelva a la antigua dominación, porque el odio a los españoles, que ha excitado su orgullo y opresión desde el tiempo de la conquista, ha subido de punto con los sucesos y desengaños de su fiereza durante la revolución. Ha sido necesaria toda la prudencia política y ascendiente del Gobierno actual para apagar la irritación que ha causado en la masa de estos habitantes el envío de Diputados al Rey. La sola idea de composición con los españoles los exalta hasta el fanatismo, y todos juran en público y en secreto morir antes que sujetarse a la metrópoli. En estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas Provincias, que obedecerán su Gobierno, y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único medio de evitar la destrucción del país, a que están dispuestos antes que volver a la antigua servidumbre, y esperan de la sabiduría de esa nación una existencia pacífica y dichosa”.

Ante tamaña felonía –y reiterando lo que expresé en la reunión celebrada hace más de seis años en la que se decidió propiciar la substitución de “Avenida Rivadavia” por el primitivo “Alameda de la Federación-, ¿no es hora ya de que se le devuelva a la plaza que hoy lleva su nombre el de “Pascual Echagüe”, la denominación originaria que fue abandonada en virtud del Decreto del señor Vicepresidente de la Confederación Argentina de fecha 5 de agosto de 1854?

El Honorable Concejo Deliberante y el señor Presidente de la Municipalidad de Paraná tienen la palabra."